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jueves 11 de diciembre de 2008

El Comunismo los cria y ...los junta

LOS CUBANOS SON VAGOS. Esta es una “valoración”, que se ha ido aferrando poco a poco a las “verdades callejeras” de fuera y dentro de la Isla, las cuales nunca se sabe cómo ni dónde se originan, aunque tampoco nadie se detiene a analizar el por qué de la fama criada.
Quien quiera afirmar esa tesis no tiene que buscar mucho ni hurgar muy profundo para encontrar los elementos suficientes. Es que realmente la apatía, la desidia y las ganas de no hacer o de dejar para otro día la tarea no pueden taparse ni con el mismo dedo con que algunos intentan ocultarel Sol.
Podría decirse que ese fenómeno es nacional y tiene todas las características de una epidemia que no respeta credo, sexo, color, edad o instrucción.
Sencillamente hay que aceptar, -muy a nuestro pesar-, que estamos frente a una sociedad decadente, que se ahoga inexorablemente en las frustraciones y en la anulación de las cualidades creativas de sus integrantes.
A la hora de tratar de encontrar la raíz del problema es necesario hacer un análisis profundo de las motivaciones, intereses y anhelaciones del cubano de la Isla, que entró en el siglo XXI con similares libertades políticas a las que "gozaba" la Isla cuando era colonia española en los siglos XV – XIX.
Muchos especialistas: psicólogos, etnólogos, cubanólogos y otros “ólogos” han tratado de explicar esta actitud tan contradictoria a la imagen que se tenía del cubano siempre dispuesto a emprender cualquier tarea que le permitiera mejorar su calidad de vida, o la de su familia.
Será que sólo se abordan algunas aristas del asunto. Se toma como conclusión definitiva lo que muestra la superficie y se ignora, -quizás deliberadamente-, todo lo que descansa y sedimenta los cimientos de generación en generación. Es ahí donde está la esencia y dónde hay que hurgar.
¿Por qué han proliferado tantos “autoempleados” del invento, calentadores de esquinas, rateros de ómnibus y tendederas, aprendices y graduados de estafadores, guapos jurados y sin jurar?
¿Por qué tanta indisciplina social, tanta falta de decoro, de humanidad, de ayuda al prójimo, en un país donde sus hijos siempre han sobresalido por solidarios?
Está claro que ninguno de los especímenes que rondan las oscuras calles o las desatendidas tendederas, prestos hasta matar por un par de tenis de uso o una camisa con varias lavadas, no son importadas de ningún otro lugar del mundo.
No. Sencillamente nacieron, crecieron, florecieron y se extendieron como la yerba mala o el marabú irreverente, aprovechando que quienes tenían que educarlos y encauzarlos estaban más ocupados en cruzadas contra el capitalismo mundial en lugares tan lejanos como el cuerno africano o tan cercanos como haciendo guardias desde detrás de un cartel de Comité de Defensa de la Revolución para vigilar el comportamiento de sus vecinos.
Todas estas conductas torcidas surgieron por vía natural, porque eso es lo que han engendrado cincuenta años de represión y miedo. La Teoría de la Evolución Darwiniana podría explicar esta espiral de “desarrollo social” Las pautas para el ejercicio de tales posturas se las dictó el destino, las circunstancias, el mandato de supervivencia.
Un buen día descubrieron la formula elemental del chantaje en el socialismo: EL TRABAJO ES PURO TRAMITE. Una actividad que produce beneficios lo mismo se haga o no, así de sencillo. El trabajo deja de ser la fuente de toda la riqueza que puedas adquirir para convertirse en una actividad monótona, sin objetivo concreto, que solamente sirve para hacerte perder el tiempo.
Hace mucho tiempo que las nuevas generaciones, deformadas por tanta aberración ambiental y por la experiencia que les han transmitido las generaciones anteriores, se cansaron de ser perdedores de tiempo completo, de cumplir con la mascarada grotesca de marcar la famosa tarjeta a la entrada y la salida del puesto de trabajo.
Le perdieron el respeto al trabajo, la disciplina y la organización.
Para qué seguir atado a ese mecanismo anticuado, si al final de mes el sueldo no es más que una piltrafa que te hace volver a la cruda realidad y te recuerda que por mucho que te esfuerces tienes que buscar el 95 por ciento de lo que consumirá tu familia, por “vías alternativas”, léase usar para tu propio beneficio lo que seas capaz de tomar del almacén del decadente Estado o la tendedera del potentado vecino.
Si usamos la retórica marxista, podemos decir que estamos explicando las causas objetivas del fenómeno, porque, señores ¿Qué son 20 chavitos mensuales, en el mejor de los salarios, como entrada de un intelectual o un trabajador manual que debe mantener a su familia?
¿Acaso el Estado es tan ingenuo que piensa que la Isla está poblada por aventajados discípulos de David Copperfield, que multiplican los salarios usando dos simples pases de sus varitas mágicas. Yo prefiero pensar que el Estado cubano es uno de los entes más cínicos que recuerda la historia de la Humanidad al no darse por aludido de la esencia del fenómeno, ante tanta abrumadora evidencia. Porque lo que sí han demostrado en los últimos 50 años los mandantes de la Isla es que son cualquier cosa, menos brutos o alelados.
Ahora voy a poner el dedo en la llaga: ¿Quién que se considere honesto podría asegurar que le basta para su subsistencia con lo que recibe por su trabajo? Que tire la primera piedra aquel que no haya pecado!
Si una cosa ha igualado realmente a los cubanos es el nivel de pobreza y de necesidad. Excepto los que tiran de las riendas del Gobierno y del Partido, el resto de la población ha disminuido su calidad de vida de manera sustancial. Muchos no lo notan porque este descenso se ha producido de manera paulatina durante media centuria.
De esas tierras, abonadas con tantas carencias materiales y espirituales, es que brotan con inusual fuerza la indiferencia, el rechazo, la enajenación, la envidia, la indisciplina social y cuanta postura venga asociada al acto de delinquir.
La creatividad del cubano se ha visto puesta a prueba a cada momento, especialmente en las mil y una formas que ha inventado de desviar los recursos con que cuenta el Estado; el mismo Estado que le ha escatimado cualquier posibilidad de riqueza o desarrollo personal a cada individuo de la sociedad. Entoces estamos presenciando una especie de acto de venganza colectivo, de ajuste de cuentas social.
Porque, en definitiva, utilizando el cuento del huevo y la gallina, si el individuo, como parte del pueblo, es quien labora para producirlos y una minoría agazapada detrás de la palabra Estado los utiliza a su antojo; de quiénes son los recursos y las riquezas entonces? Quién le está robando a quién?
Otros, -los clásicos o tradicionales-, apostados como al descuido en las esquinas o en la azotea próxima; ajustan los mecanismos para el asalto, la transacción ilícita, la estafa, el acaparamiento, el número ideal para sacarse algún dinero en el juego prohibido.
Es bueno no confundir términos. Algunos opinan que en Cuba, a pesar de todo, hay tranquilidad ciudadana, normalidad y un nivel aceptable de cohesión social. Ojo con la confusión, no es lo mismo el chicharrón de puerco que los coditos tostados al Sol de la azotea, aunque tengan un sabor similar.
Una cosa es que Cuba se encuentre bajo una férrea dictadura, la cual decide hasta qué tendencia de la moda es buena o perjudicial para los ciudadanos y qué música o cantante puede ser puesto en los medios de difusión masiva; y otra bien distinta es que Cuba tenga una sociedad cohesionada y funcional.
Si me preguntaran cómo veo la sociedad cubana actual, diría que es como una patana en mar abierto, sin brújula ni remos, expuesta a merced de las olas y viajando a donde la corriente la lleve.
En una sociedad normal el holgazán y el desclasado son exactamente eso, seres sin cabida ni reconocimiento social, reprimidos por las instituciones del orden. En Cuba son los héroes de la pirámide social invertida.
Qué podemos esperar de un país donde en la mercado subterráneo no hay cotización para comprar un título universitario, pero sí ofrecen lo que no tienen por conseguir un puesto de carnicero o de servidor de gasolina en un servicentro.
Un país donde un Doctor en Pedadogía, con una obra ampliamente conocida, tiene que disertar en un congreso internacional con la suela de los zapatos llena de agujeros mientras el Pedro Navajas de su barrio se pasea con sortijas y cadenas de oro al cuello por el vecindario, ante las miradas de admiración de los adolescentes y la tácita aceptación de los policías, más preocupados por los esporádicos carteles de ABAJO EL TIRANO que por los robos que se suceden a diario en la comunidad.
La paradoja viene dada por la misma demagogia mediática comunista que dice haber construido la sociedad perfecta, habitada por el hombre del futuro, cuando en realidad lo que ha resultado es que se han exacerbado los más básicos y bajos instintos del ser humano: la hipocresía, el odio, la lujuria, la envidia, la ambición…
Y repito mi tesis por si no la he transmitido correctamente; no es que la escoria social que ronda las calles, parques y patios de cualquier vecino en Cuba es la que ha echado a perder el proyecto social del socialismo, si es que alguna vez hubo alguno.
No, ellos no han echado a perder el socialismo. Por el contrario, es el sistema socialista el que los ha engendrado. El sistema totalitario los necesita y por eso los estimula a ejercitar la haraganería, la indolencia y la delincuencia. Les ofrece el caldo de cultivo propicio para su proliferación y permanencia.
El cáncer que padece la sociedad cubana no sólo carcome las estructuras a nivel de base. En las altas esferas del poder también se encuentran con facilidad muchos vividores, los cuales prácticamente gozan de jugosos puestos vitalicios como las famosas “botellas” de los cargos públicos que tanto criticaron los ideólogos del marxismo.
Ellos, sus familiares, sus “queridas” y “queridos”, los familiares de éstos últimos, -en interminable cadena de corrupción-, tienen mejores coberturas para reducir los riesgos de sus actos corruptos. Todos los recursos del Estado se encuentran a sus pies.
Realmente la sociedad cubana necesita una carga que la limpie de una vez y para siempre de tanto lastre inútil, de tanto malversador, de tanto demagogo; pero el movimiento tiene que ser radical para que sea efectivo, y debe comenzar por el Comité Central, el Consejo de Ministros, el Buró Político y la Asamblea Nacional del Poder Popular.